Si bien el carácter masoquista ha ido desapareciendo de los manuales de
psiquiatría, "parcialmente en respuesta a presiones sociales y
políticas", tal como lo explica el doctor Friedman, "el comportamiento
autodestructivo del masoquista es una fuente de sufrimiento considerable
y blanco legítimo para el tratamiento".
En el trabajo psicoterapéutico y, en algunos casos extremos, junto a la
intervención psiquiátrica, que aportará una medicación adecuada, se
podrá trabajar sobre los mecanismos que despiertan la autodestrucción y
la consabida recompensa que esto nos provoca, muchas veces, casi sin
darnos cuenta.
"No cae muy bien decirles a estos pacientes que ellos son los
arquitectos de su propio sufrimiento", reconoce Friedman. "Tal vez
podamos partir de algo parecido, como invitarlos a preguntarse: «¿Es mi
culpa que la vida sea injusta?»."
Para la licenciada López Blanco, "un tratamiento psicoterapéutico o un
trabajo de observación y autoconocimiento pueden ser muy adecuados para
empezar a tomar conciencia de los patrones de autoboicot. Al echar luz
sobre esto, el tema ya pasa a formar parte de la conciencia y, si bien
la pulsión inconsciente pude persistir, al verse repitiendo ese patrón
el sujeto puede comenzar a accionar en la dirección del cambio".
"El trabajo terapéutico puede ser una batalla cuesta arriba -advierte
Friedman en su artículo de The New York Times-, ya que, por su visión
negativa, estos pacientes tratan a menudo de frustrar los mejores
esfuerzos de sus terapeutas." Es lógico que quien vivió pensando en "que
le vaya mal" se asombre al descubrir otro tipo de goce mucho más
saludable. No olvidemos que no todos pueden ser pesimistas, negativos o
autodestructivos por elección. "Sería una elección si la persona fuera
consciente del acto", explica López Blanco. "Si se trata de una pulsión
inconsciente -subraya- no podemos hablar de elección, sino de acto
compulsivo."
Al parecer, se trataría de llevar el arte del autoboicot a la
conciencia y resignificar creencias y carencias emocionales. De esta
manera, tal como lo cree Friedman, "estas personas pueden experimentar
en terapia lo que ellos perjudican tan expertamente en todos lados: el
éxito".
"Sería de utilidad que el paciente lograra interrogarse respecto de
cómo se está experimentando el curso de la propia vida -enumera la
psicóloga-; cuán saludable y constructiva es la relación con los demás;
cuál es el sentimiento respecto de las propias actividades en general, y
lo que sea útil preguntarse con el objetivo de echar luz acerca de la
propia existencia. Una vez formulados los interrogantes, entra en juego
la capacidad personal de soportar lo que las respuestas dejen en
evidencia."
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